viernes, 30 de junio de 2017

Cierne

Chapotea en la piscina cubierta de hojas de mango
el aire quieto de la siesta
que se hunda el mundo

martes, 13 de junio de 2017

Luna de abril



En la cocina de carbón hierve la olla del odiado puchero.
Mantel de plástico para no ensuciar el de verdad, jarrolata
Tío y abuela esperan la sopa. Él cuenta sus encuentros con mujeres remotas. Cierro los ojos y las imagino vestidas de amarillo sonriendo de soslayo. Abuela le manda callar. Sobrevuelan los mosquitos, en cada esquina enciende una espiral a ver si los ahuyenta. El aroma punzante combina con el chirrido del bife a la plancha y el rojo de los tomates.
La noche se posa en los resquicios, la luna se refleja en el espejo del guardarropa. Nuestra cena sigue, pierdo el equilibrio, me deslizo bajo la mesa,  blanquecinos cuartos de la abuela pueblan este mar, su bombachón flota entre los restos del naufragio, un perro lame mi cara. Me desangro.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Aquí


Destierro cobijo. De melancolía marchante. De infortunio compañera. Juntas. Siempre. Hasta que la muerte.


miércoles, 3 de mayo de 2017

Frente







Jardin hecho pedazos,
rosales arrancados, pasto quemado

Comida desperdigada, pan escupido
tallarines en el suelo

Casa que se cae,
las paredes crujen, los tejados se desploman
 
Uras en el altillo
mosquitos arremolinados, cucarachas libres

miércoles, 19 de abril de 2017

Carnival



 


Ña Maria se sacudió de su hermético sueño al oír una tropa de espectadores aplaudir con bombos y platillos la primera carroza del corso. 


Había decidido no asistir, en verdad hubiera preferido que abandonaran de una vez esa maldita costumbre de celebrar el Carnaval. Era una fecha que no cabía  en una ciudad bien pensante, opinaba. En especial si se consideraba que la costumbre era permanecer estáticos y de pie por horas interminables. La pena por sentarse consistía en fusilar a la persona en falta. Fue lo que le pasó al hijo mayor de Ña María. Por suerte pudo pagar un buen funeral, no fuera que las malas lenguas cuchichearan que ni por el entierro de su amado primogénito era capaz de gastar un peso partido por la mitad. Eso sí negoció con la Funeraria descuento del veinte por ciento.


La viuda, Casiopea, se pasó llorando a moco tendido durante el velorio. Le tuvieron que atajar entre todos para que no se tirara a la fosa. Solo se calmó cuando Ña María le prometió la mano del hermano restante, quien, estupefacto ante la noticia de su futuro enlace, desapareció del pueblo. Jamás se lo volvió a ver, aunque algunos juran que lo han visto por los copetines de la ciudad vecina. Dicen que regentea el mejor burdel y que en noches especiales se disfraza de Casiopea.

jueves, 30 de marzo de 2017

Hoy

 

No abro mi casa a nadie, apago las luces si alguien se acerca, evito a los vecinos, vivo solo durante la hora mas obscura. Ni siquiera tengo nombre

jueves, 2 de marzo de 2017

Sabor

                


Sábanas crispadas, jugo de naranja. La frente arde. Mojan la toalla, recubren el cuerpo como cuando el tifus azotó a la familia. No hay mejor tiempo; los mimos se derraman sin reticencias. Viene el mejor caldo, las frutas recién exprimidas. El jarabe sabe a grosella, la flema a asco.

El tiempo transcurre a paso de sueño, a veces lloro porque miro alrededor y todo está hecho de cristal y bastará una mano para quebrar el mundo. Entonces se redobla la vigilia; hasta la abuela consiente en preparar arroz con leche —que ahora sabe como un pálido reflejo del original—. Que nada le falte a la nieta presa de fiebres, flemas y catarros.

No puedo levantar ni la mano, la letargia consume, la cabeza presa en un casco inmóvil. A veces no me acuerdo ni cómo me llamo.