lunes, 5 de diciembre de 2011

Hora


 
 La siesta es sagrada. Solo el sonido del heladero se permite. Nosotros salimos de puntillas, el barrio es nuestro. Subimos las escaleras del edificio a la vuelta de la esquina. Espantamos a los gatos, nos insinuamos a la vecina. Tocamos todos los timbres, y nos persiguen sin aliento. A la hora nona volvemos a la casa. El revenque nos espera, alguien nos ha visto y en este lugar todo se sabe. Nuestras rodillas se hincan sobre sal y maiz, para que no se nos olvide. Aprendemos las reglas del juego.







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