lunes, 27 de agosto de 2012

Se..






Se muere la tarde. Nos arrinconamos en el desván, oímos los clamores. 
El vecindario en silencio del sepulcro.
Son las cuatro de la mañana, cuerpo a tierra.
 Nuestro sudor hiede acorralado.
 Los clamores no han cesado. 
Rogamos el día.
Los últimos gemidos se desvanecen al mediodía.
Salimos al sol incandescente, las casas arden, los perros ladran.

lunes, 20 de agosto de 2012

Hora












La siesta, hora sagrada de la abuela, se interrumpe mediante pasos atropellados de nietos hartos de silencio. La radio del abuelo esparcida en el suelo. La corte es solemne, el dia es azul. Abajo los calzones, llega la fiesta del revenque.

lunes, 13 de agosto de 2012

En ciernes



Las brisas disipan temores. Estamos sentados a la vera del jardín. Mamá nos ha prohibido entrar en casa: dice que tiene asuntos que discutir con Papá.

Los sonidos nos llegan de a saltos. No hay dinero: Papa apostó y perdió hasta la camiseta. Ayer vinieron a llevarse los muebles. Nos quedan sólo las camas y los platos.
Las brisas disipan temores. Estamos sentados a la vera del jardín. Mamá nos ha prohibido entrar en casa: dice que tiene asuntos que discutir con Papá.

Los sonidos nos llegan de a saltos. No hay dinero: Papa apostó y perdió hasta la camiseta. Ayer vinieron a llevarse los muebles. Nos quedan sólo las camas y los platos.

lunes, 6 de agosto de 2012

qui nunc it per itertenebricosum illud, unde negat redire quemquam. [«ahora sigue el camino de las sombras, allá de donde, dicen, nadie vuelve», Catulo, Carmina,






La señora ko no quiere luego que le despierten por macanas. El perro del vecino siempre trae regalo. Hoy trajo huesos que quito quien sabe de donde.

Soy cobarde. Apenas respiro, no quiero que se den cuenta que aun estoy aqui


Sobre el puente de Avignon
todos bailan, todos cantan,
Sobre el puente de Avignon
todos cantan, y yo también.

Hacen así, así las lavanderas
hacen así, y así me gusta a mí







Solo las lagartijas asoman a esta hora en que la canicula azota sin piedad. El arroyo que cruza parte de la quinta apenas si mantiene caudal alguno. Las fabricas que se levantan a su paso lo han convertido en cloaca abierta. Pero ello jamas ha detenido las incursiones del perro de los G.

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El temblequeo de la vieja camioneta es lejano rumor en el horizonte. Bajo el cielo azul que no presta cobijo, sus hombros alicaidos parecen aun mas fragiles. Bajo el sol ensordecedor, el rostro cubierto de sudor, busca incesante donde guarecerse. Tras la ultima tormenta no quedan ni arboles bajo los cuales guarecerse. Mira su atado de ropas, tumulo polvoriento. Pasa lista: dos camisas, el corpiño que le regalo la hija de la señora, tres calzones y el zapato de fiesta. Todo immaculadamente planchado y doblado, envuelto en un mantel, aguardando el arribo del bus.

Los pajaros estan callados. Se le antoja que las cigarras estan llamando al Yacy-yatere. Mas ella ya no es una niña. De ellos hace ya tanto tiempo - a las apuradas, a tientas y a locas; y que mucho le prometio el fulano - Pero bueno, asi nomas es la vida.

Mira el relojito que compro con los ahorros del primer año de trabajo. Hace ya media hora que esta esperando.

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Tanto se habia hallado al comienzo en la quinta. Jardin grande, cocina limpia y un cuarto decente (al menos en comparacion con las otras casas). La señora parecia tranquila y el señor no era metido. Tenian una sola hija. Un poco cargosa a veces, pero pasable. Crecio la niña. Hermosa muchacha era (su chico'i le iba a hacer la corte durante los recreos y a la salida del colegio). A veces miraba para otro lado y se hacia la ñembo tavy. - 'Dale, na Esperanza, no seas mala. Esperame un ratito nomas' -.
Tonta. Las cosas se emsombrecieron cuando la niña anuncio que tenia regalo.

Recriminaciones: llantos: puertas cerradas: visita al doctor. La niña volvio palida, solo la mata reluciente quedaba del antiguo esplendor. Miradas furtivas y reproches silenciosos llenaron la casa. Esperanza se quedo de puro buena que era la señora. Pese que ahora era dificil trabajar en la casa. El señor ya no comia con ellos casi, y la señora se pasaba llorando todo el rato. Solo la niña parecia estar recuperando color.
Estaba a punto de terminar el colegio cuando desaparecio.

Por cielo y tierra la buscaron:una a una, las comisarias, uno a uno los hospitales, puertos y hospitales. Nada, la señora se vistio de luto y no hablo mas. El senior, encanecido, partio un dia.
Cuando la señora murio, Esperanza no pudo encontrar al señor. Mediante la ayuda del Pai Pedro y los G se pudo comprar un cajon sencillo. La enterraron en el Cementerio del Sur. Los vecinos trajeron las flores y Esperanza organizo el velorio.

Los parientes lejanos del señor quisieron cerrar la casa y le ofrecieron trabajo. Esperanza pidio quedarse en la casa que ya era parte de sus huesos, ademas ya se sentia demasiado vieja para tanto trote. Siguio con su rutina habitual: baldear el corredor, sacudir las cortinas, darle algo de comer al perro siempre hambriento de los G (dueño y señor del inmenso jardin). Fue en una de sus recorridas que el perro trajo aquello. Vino la policia. Tras un mes, identificaron los restos hallados como pertenecientes a la niña.

Cinco años en prision ligo Esperanza, quien podria creer su fundamental inocencia? La niña habia traicionado a la casa. La señora queria darle una leccion nomas. Es que era retobada y la habian pillado chapando con el hijo de uno de los vecinos. Esperanza era prolija, uno a uno los trapos ensangrentados fueron lavados, la pieza baldeada, la señora calmada. Y el perro de los G tiene siempre tanta hambre…