lunes, 27 de agosto de 2012

Se..






Se muere la tarde. Nos arrinconamos en el desván, oímos los clamores. 
El vecindario en silencio del sepulcro.
Son las cuatro de la mañana, cuerpo a tierra.
 Nuestro sudor hiede acorralado.
 Los clamores no han cesado. 
Rogamos el día.
Los últimos gemidos se desvanecen al mediodía.
Salimos al sol incandescente, las casas arden, los perros ladran.

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