lunes, 12 de noviembre de 2012

tia





Tia A. se fue a trabajar a Buenos Aires, primero de limpiadora, pero después aprendió dactilografía y termino siendo la secretaria del dueño de una librería pequeña. Nunca consiguio que le interesaran los libros. A tía A, en cambio, le gustaba fumar y encuentros cortos con hombres desconocidos. Decía que no quería que ningún hombre mandara en su casa, que había aguantado lo suficiente con su papa (nuestro tío), y sus hermanos.

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