lunes, 1 de julio de 2013

El dia


El día teje su maraña: a la madrugada nos despierta el chillido. Hasta ahora no sabemos de dónde viene. Nos lavamos la cara, bajo el brazo, entre las piernas y los pies. Por turno riguroso. Mamá prepara el cocido, las galletas sobre la mesa.

El segundo chillido ocurre a la siesta. Por suerte, no pasa todos los días. Demasiado le enoja a Papá cuando le interrumpen la siesta. Se porta igual que el Viento del Norte: mórbido, quejumbroso, pesado. Solo nuestra hermana puede sosegarlo. Mama le manda. Nuestra hermana mira a la tarde.


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