domingo, 8 de septiembre de 2013

Cuando

 

Cuando Papa murió, nosotros no pudimos llorar. Nuestra hermana, los puños blancos de tanto apretarlos. Ni el velorio respetaron los Emisarios, a las nueve en punto pasaron a buscarla. Mama trato de darle la bendición, pero nuestra hermana la paro en seco. Le dijo que ya era demasiado tarde.

 

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