jueves, 11 de septiembre de 2014

Chipa

No hay como la chipa de la marchante a las siete de la mañana, se dijo, sentada en el bus camino a la frontera. Llegaron al pueblo a las seis de la mañana. Las manos frias, sudaba. Evito hablar en la aduana. Al pasar al otro lado, se santiguo. La direccion escrita en un papel bailaba frente a sus ojos.

 

 

 

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