miércoles, 25 de noviembre de 2015

De noche

 

Nuestra hermana quizo salir sin que la vieran. Nuestra vecina le pispo e informó sin titubeos, se dijo que era su deber. Nunca dudó.

Los Emisarios aparcaron a una cuadra de casa. Nosotros oimos un alarido animal, nuestra madre nos dijo que era el lobizon. Acurrucados en una esquina de la cama pasamos la noche. Amanecimos empapados, mucho nos renego abuela.

Tres días después volvió nuestra hermana vestida de blanco de punta a pértiga, la piel pálida, el cuerpo en retirada. No dejó que la toquemos, murmuró que no importa que alguna otra vez será.

 

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