jueves, 11 de agosto de 2016

Reflexion




Vértigo, sufro de vértigo desde que nací. No creo haber dejado nada sin probar para librarme de esta plaga. Mi vida es una mierda. Por supuesto que a veces he bebido demás, a fin de olvidar este miasma infernal, todo por un instante de paz y olvido. A veces pienso en una posible desaparición, ¿de qué me sirve la memoria sino para el dolor? No confío en mi cuerpo, cuando los mecanismos amorosos del sexo se insinúan, mi vértigo estalla y deseo la muerte. Solo me calma la palabra precisa, o el huir del posible encuentro. Más aún, esos dejos de sudor que hieden a pavor me son más seductores que cualquier mirada sugerente. De esa niña que fui, queda el pesar del suicidio oculto detrás del silencio. Estar enardecida de rabia, en vilo esperando el ataque, nunca en paz, siempre en sobresalto: es mi herencia de tanta guerra y abatimiento. El pasado se agazapa en todos los resquicios.
Entonces cuando me preguntes de vuelta cómo estoy, acordate de lo que hoy te dije y no digas nada. A lo mejor con suerte, te acepto un café.

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