lunes, 31 de octubre de 2016

Sabor





Sábanas crispadas, jugo de naranja. La frente arde. Mojan la toalla, recubren el cuerpo como cuando el tifus azoto a la familia. No hay mejor tiempo; los mimos se derraman sin reticencias. Viene el mejor caldo, las frutas recién exprimidas. El jarabe sabe a grosella, la flema a asco.
 El tiempo transcurre a paso de sueño, a veces lloro porque miro alrededor y todo está hecho de cristal y bastará una mano para quebrar el mundo. Entonces se redobla la vigilia; hasta la abuela consiente en preparar arroz con leche —que ahora sabe cómo un pálido reflejo del original—. Que nada le falte a la nieta presa de fiebres, flemas y catarros.
No puedo levantar ni la mano, la letargia consume, la cabeza presa en un casco inmóvil. A veces no me acuerdo ni cómo me llamo.

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