jueves, 29 de marzo de 2018


de nada sirven las lágrimas 

de nada sirven los lamentos

de nada sirven los rosarios

plegarias

promesas o quebrantos

de nada sirven los ojos

la boca o la mirada

martes, 13 de marzo de 2018

Nocturno


A nuestra hermana se le arrastran los días. Ella dice que vive en la nubes, allí no se oye la voz de los emisarios o el sudor del Gran Líder 

miércoles, 7 de marzo de 2018

Gomaespuma

Dejó su rostro tras la ventana, era más cómodo así. No tenía que andar aguantando al zaguán petulante e incapaz, que solo tenía ojos para sus nalgas jóvenes. En ese sentido se comportaba igual que las calles del barrio. Había oído rumores acerca de que en otros barrios la situación era aún peor. El zaguán había sido construido por el tío Anselmo cuando él volvió de Buenos Aires. Trajo consigo sus tubos de oxígeno y no podía dar dos pasos sin inhalar. El traqueteo de los tubos acompañó su infancia: a su cargo estuvo el alimentarlo y hacer sus mandados.

Poco después de terminar la construcción del zaguán las mujeres decidieron vadear el arroyo antes que atravesarlo. No le quisieron explicar ni a ella, por ser menor, ni al tío, por ser el constructor. Sólo dijeron que así nomás , no importa luego. Le advirtieron a su madre. Pero ella no creía en las malas lenguas del vecindario, y además era la obra de su hermano adorado.

La primera vez pensó que había soñado despierta. Una mano suave, una tos reseca, y el aire que se iba de sus pulmones. 

La encontró el tío. Cuando le contó lo que pasó, ligó un sopapo por mentirosa. Tampoco tuvo suerte con su mamá: delirios de chiquilina sin vergüenza, quién sabe qué lo que andás haciendo por ahí. Un mes no salió de casa de castigo. Ni los pedidos de clemencia de Doña Rosita, la maestra del pueblo la libraron de la larga penitencia.

Se resignó a su suerte, y con la ayuda de la costurera de la esquina se hizo una cola falsa rellena con gomaespuma a prueba de zaguán.